EL PODER DEL PERRO
de Don Winslow
Supongamos que abrir una novela es establecer un pacto con su autor en virtud del cual aceptamos someternos al engaño de su ficción. A partir de dicha suposición, nos podemos encontrar con mentiras elegantes, hábilmente introducidas para formar la trama de una historia, o con guarreo trapero a traición, como es el caso de "El Poder del Perro", en la que Don Winslow da rienda suelta a un arsenal de recursos para enganar al lector como a un chino: para timarle, estafarle y reirse en su cara. Y al final, claro, el lector (al menos en mi caso) encantado de tanta acción trepidante y golpe de efecto.
Los requiebros de la trama que plantea "El Poder del Perro" orbitan en torno a Art Keller, un agente de la DEA destacado en México al que -desde los 70 hasta prácticamente nuestros días- le toca lidiar con las guerras sucias y secretas que los EE.UU. promovieron en sudamérica (contras e influencias políticas mediante), las cuales descubrirá al tiempo que persigue a los patrones del tráfico de drogas a escala comercial a través de la frontera. Un chico de barrio -inmigrante irlandés- metido a matón por las circunstancias, una prostituta de lujo muy bien relacionada y enamoradiza, y un sacerdote próximo a la teología de la liberación completan el plantel de personajes principales, que se enriquece con decenas de secundarios para tejer un vertiginoso entramado de traiciones y venganzas.
Engancha como el crack, y aunque -como decía la principio- en ocasiones las tretas a las que recurre el autor para pisar el acelerador de la trama resultan algo deshonestas, todo se le perdona con tal de poder pasar la página y seguir leyendo.